- Las integraciones directas no siempre son más simples.
- La capa intermedia aporta control y trazabilidad.
- La arquitectura debe ajustarse al ritmo de cambio.
Las integraciones directas son atractivas porque parecen más simples, pero no siempre son la mejor opción. Si hay varios sistemas, reglas de negocio o cambios frecuentes, una capa intermedia puede dar más control.
Esa capa ayuda a validar datos, registrar eventos y desacoplar servicios que evolucionan a ritmos distintos. Aunque añade una pieza más, muchas veces reduce problemas a medio plazo.
“No todas las integraciones deben ir de sistema a sistema de forma inmediata. A veces conviene una capa intermedia.
La decisión correcta depende de volumen, criticidad y frecuencia de cambio. No se trata de hacer más arquitectura, sino la arquitectura justa.
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